
Un viejo proverbio futbolístico afirma que lo importante en cualquier torneo es comenzar con una victoria, se haya jugado bien o mal, lo fundamental es tener los tres puntos en el bolsillo. Y así fue, la Selección Argentina le ganó sin brillar 2-1 a Costa de Marfíl en Shanghai y se colocó puntera de su grupo. El próximo encuentro será el domingo 10 ante Australia que empató 1-1 contra Serbia en primer turno.
A priori, el encuentro ante los marfileños no generaba una amenaza para los dirigidos por Sergio Batista. Se sabía que era un conjunto sub23 con todas las letras, ya que no convocó a ningún mayor y Didier Drogba no habia sido cedido por el Chelsea para esta competición. De nuetro lado, las figuras que cualquier país se moriría por contar entre sus filas: Kun Agüero, Juan Román Riquelme, Javier Mascherano, Fernando Gago, Oscar Ustari y hasta el mismísimo Lionel Messi, entre otros. Este choque estelar prometía, del lado argentino, llevar la iniciativa del encuentro y la verticalidad que sus hombres de ataque pueden darle al equipo de tres cuartos de cancha hacia el área rival. Por su parte, los marfileños tratarían de contrarrestar los embates con diversas artimañas antideportivas y pondrían en claro su ingenuidad típica a la hora de marcar. Pues bien, nada de esto sucedió, ni la verticalidad avasayante de los argentinos, ni el paradigma africano tan bien conocido desde la vieja selección de Camerún allá por Italia 90.
El partido fue de trámite duro y parejo en varios sectores de la cancha. De los piés de JR trataban de salir los pases certeros hacia Lavezzi y Agüero que picaban al vacio en búsqueda del gol que habriera espacios. Lío Messi desnivelaba, cuando lo dejaban, por la derecha e intentaba juntarse, poco, con Riquelme que se movia del centro hacia la izquierda del ataque argentino. A los creadores del circuito futbolístico se los notó en sintonía cada vez que intentaron jugar, así quedó plasmado en el segundo gol.
Costa de Marfíl, a todo esto, se mostraba sólido en su línea defensiva y ávido a la hora del error argentino para el contragolpe de Gervinho y Salomón Kalu. Ambos jugadores le trayeron serios dolores de cabeza a Batista, puesto que atacaban con facilidad la espalda de Monzón (el más flojo del debut) y Zabaleta c para tirar el centro atrás en búsqueda de algún volante con llegada. Las dudas crecían del lado argentino a medida que corría el reloj, no sólo porque el equipo no llegaba con claridad al arco rival, excepto por un par de remates del Kun y una pifia de Lavezzi, ambos mostraron más dudas que certezas a la hora de la estocada final, sino porque el rival creía que el gol no era una utopía. Tal es así que le anularon un gol en clara posición adelantada a Gervinho, luego de un rebote cedido por Ustari. Finalmente, a falta de dos minutos para el cierre de la primera etapa, Román frotó la lampara y lanzó un pase dirigido a la zurda de Messi quién picó entre los centrales, dominó la pelota de frente al arco y depositó con suavidad la bola al lado del palo izquierdo de Angban.
El segundo periodo tuvo a los africanos con el íumpetu necesario para buscar el empate y con la parcimonia del resultado favorable del lado albiceleste. Esta tendencia nos jugó una mala pasada que tuvo su fruto en el cabezazo certero de Cisse por sobre la marca deficiente de Zabaleta y la mirada atónita de un inerte Osky Ustari. Este cachetazo no solo golpeó a los jugadores, sino también movilizó las ideas del cuerpo técnico quienes enviaron al campo de juego a Di María y Acosta, dos jugadores que le aportaron la movilidad que Agüero y Lavezzi habían dejado en el vestuario. El resultado quedó sellado a flata de unos minutos para terminar el encuentro cuando, una vez más, Riquelme hizo una avivada criolla y sacó rápido un tiro libre para Messi quien remató con violencia en busca del arco, tal es así que el rebote del arquero le quedó servido al Laucha Acosta sólo tpara empujarla y sentenciar el 2-1 final.